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Títeres
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 1
No. 8
¿Quién no ha visto en su vida una función de
títeres? y en su infancia, ¿protagonizado una?

Los títeres son uno de los juguetes más versátiles
que puede tenerse en casa.  Son útiles tanto
desde los primeros meses cuando el bebé es
principalmente espectador, hasta los cinco y seis
años cuando los niños representan a los
personajes e incluso se aventuran a crear sus
propios muñecos y escribir los libretos.  

Los títeres permiten invaluables horas de juego,
estimulación de la habilidad verbal, oportunidad
de interacción entre padres e hijos y entre
hermanos e incluso, sirven como una herramienta
eficaz para descubrir temores o frustraciones en
los niños, así como para reforzar normas de
comportamiento.

La creatividad infantil se desborda a la hora de
hacer los títeres, ya sea con simples dibujos
recortados o con bolsas de papel decoradas,
fieltro, tela, calcetas, etc., en combinación con
lana, botones, cartón, pintura para dedos,
témperas, crayones, papel de colores, etc.  
Aplicar la goma, colorear y pegar ejercitan la
motricidad fina y permiten prolongar los períodos
de atención y de intercambio entre padres e hijos.
 Ver el producto final de las horas de trabajo
juntos es la mejor recompensa y el mejor alimento
para la autoestima.

¿Y el escenario o teatrino?  Decidir cómo
esconderse para maniobrar a los títeres es un
excelente pretexto para aprender a proponer
ideas y resolver problemas.  Lo mejor es trabajar
a partir de las ideas de los niños y darles
instrucciones precisas sobre lo que se necesita:
un lugar donde se puedan esconder pero que
tengan suficiente espacio para colocar sus títeres
y mostrarlos al público espectador.
Por otra parte, la conversación que se genera
mientras se elaboran los títeres o bien durante la
presentación de la función, es excelente práctica
para el desarrollo del lenguaje.  Por tratarse de un
juego, no existen presiones y los niños se sienten
cómodos para hablar y darle vida a los títeres con
sus propias voces.  Se puede seguir una historia
específica como el cuento que les gusta escuchar
todas las noches, o improvisar creando una
historia propia.

Si se utiliza algún cuento para diseñar a los
personajes y presentar la función, se está
estimulando la memoria.  Los niños son muy
hábiles para memorizar los cuentos que les
leemos, por ello no sorprende que al montar la
función sean capaces de representarlos al pie de
la letra.  Además se refuerza el concepto de
temporalidad al presentar a los personajes según
como avanza la historia.

Las historias improvisadas pueden ser de los más
diversos temas, pero también se puede aprovechar
alguna situación por la que el niño esté pasando,
como el temor a la piscina, alguna situación escolar
o familiar conflictiva o difícil, los hábitos de
alimentación, etc.  Puesto que son los muñecos los
que hablan, los niños se sienten cómodos y se
animan a expresar sus más profundos sentimientos
a través de los personajes.  Estos diálogos
improvisados son muy útiles para detectar
problemas y entender mejor cómo se sienten los
niños.

Los títeres son fabulosos para compartir: los
hermanitos menores de dos años pueden ser un
increíble auditorio y los hermanos mayores se
sentirá muy bien de divertir al público; pero si su
edad y destrezas lo permiten, todos pueden
colaborar en la elaboración de los títeres y
presentación de la función;
entonces, familiares o
muñecos de peluche serán
un magnífico auditorio.
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