Hemos destinado esta sección para tratar de resolver las dudas que con frecuencia tienen padres y madres
de familia respecto a sus hijos. Incluiremos las preguntas que nos envíen desde el formulario que aparece
en la página principal.
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específicos abordados en las distintas secciones del sitio:
79. ¿Cómo suplir la ausencia del padre?
Ambas, la figura materna y la figura paterna son igual de importantes en todas las etapas de desarrollo de
los niños y de las niñas. Por la naturaleza propia de hombres y mujeres, cada uno aporta lo propio en la
convivencia familiar.
El padre da el ejemplo de las funciones que por su condición masculina le ha otorgado la sociedad, tales
como la de la protección de su familia. La fuerza física y la habilidad de pensamiento lógico que se asocian
a la masculinidad le otorgan el rol de velar por la seguridad de los miembros de su familia y de ser el sostén
del que todos puedan afianzarse. La naturaleza femenina permite que la madre proteja a los miembros de
su familia cuidando de su salud, por ejemplo, a través de la higiene, la alimentación y los buenos hábitos. El
padre, aunque también participa de las rutinas de higiene, alimentación y formación de hábitos de sus hijos,
vela por su seguridad integral y los protege de los peligros externos. Hombre y mujer son complemento. En
la familia, la relación entre padre y madre demuestra a los hijos que mamá y papá se complementan, al
añadir cada uno, desde su individualidad, elementos vitales que construyen el hogar.
Atrás quedó la idea de que el padre es la autoridad en la casa y el encargado de la disciplina. Ambos,
padre y madre, representan la autoridad en casa. Son los encargados de guiar los pasos de sus hijos y de
mostrarles aquello que les permite crecimiento y desarrollo y lo que no. El ejemplo de ambos progenitores
refuerza los valores que desean inculcarles a sus hijos. En ausencia del padre, la madre se convierte en la
figura principal para orientar el carácter de sus hijos. Puesto que la educación de los hijos es tarea de dos,
puede apoyarse en modelos masculinos cercanos a su núcleo familiar, tales como abuelos, tíos o tíos
abuelos de los niños.
El padre es ejemplo de masculinidad en la familia y su papel es fundamental para la formación integral de
los hijos. Los niños imitan su modelo y adoptan comportamientos masculinos; las niñas, por su parte, le
tienen como el modelo del hombre ideal, aprendiendo a relacionarse con el sexo opuesto y a jugar su rol
femenino a partir de las interacciones con su papá. De manera que cuando el padre está ausente
definitivamente, compartir de cerca con el abuelo o un tío puede suplir la necesidad de contar con un
modelo masculino.
Vale la pena hacer énfasis en que si la ausencia del padre se debe a una separación, lo conveniente
siempre es que los hijos mantengan una comunicación y un intercambio constante con él. Para mantenerse
en equilibrio, necesitan construir vínculos afectivos con su padre aún si no viven con él; esta interacción
cercana permitirá que lo reconozcan, lo respeten y lo amen como tal.
80. ¿Qué debo hacer cuando mi hijo y yo convivimos con mis padres y estos han sido con él muy
permisivos, a tal punto que me han desautorizado. He querido implementar desde pequeño
normas y límites pero ellos no me han dejado.
Antes de iniciar cualquier acción, necesita saber que todos los resultados que usted obtiene dependen
directamente de sus decisiones y comportamiento. Revise qué ha hecho usted que ha provocado que sus
padres asuman de lleno el rol de autoridad con su hijo. ¿Cómo sabe que la/lo han desautorizado? ¿Qué
eventos o situaciones hacen que se sienta sin autoridad frente a su hijo? ¿Qué tendría qué pasar para
sentir que tiene la autoridad que le corresponde como madre/padre? ¿Qué tiene qué hacer para que eso
suceda?
Revise las normas y los límites que intenta establecer y determine si son necesarios y pertinentes.
Converse a solas con sus padres y pídales que le ayuden a establecer normas en casa para ayudar a
formar hábitos potenciadores en su hijo. Recuérdeles cómo era cuando usted era pequeña/o; con
seguridad habían normas que todos respetaban. Necesita llegar a un acuerdo con sus padres; conversen y
encuentren puntos en común para construir a partir de ellos. Pónganse de acuerdo en cuestiones mínimas
de la rutina del niño como los horarios para dormir, bañarse, comer, etc. Para forjar hábitos sanos en su
hijo, todos necesitan respetar los horarios.
Los consejos de los abuelos, por su experiencia, son sumamente útiles, y siempre serán bienvenidos. Sin
embargo, las investigaciones en pedagogía, psicología y neurociencia, proveen a los padres de abundante
conocimiento para orientar la educación de los hijos. La situación ideal es aquella en la que padres y
abuelos leen sobre desarrollo infantil desde la perspectiva científica y basan sus decisiones combinando la
sabiduría que aporta la experiencia y la ciencia.
De la división clara de roles desde el principio, depende el éxito de la relación abuelos-padres-nietos. El rol
que a los abuelos les corresponde jugar es el de “consentidores” en cierto grado. Para ellos ya pasó la
etapa de crianza y formación; ahora debieran más bien ser “cómplices” con su nieto jugando juntos y
explorando el mundo a través de dos lentes distintos: la madurez y experiencia de una persona de edad y la
curiosidad inagotable de una mente recién despertada. Es una relación muy especial que todos tenemos
derecho a disfrutar. Por eso cuando los nietos viven con los abuelos, la situación se torna compleja porque
se les limita a los abuelos el disfrutar plenamente de su rol. Lo ideal es vivir aparte o al menos, “juntos pero
no revueltos”. De esta manera cada uno puede tener su territorio de autoridad. Los niños son expertos en
entender quién manda donde. En casa de los abuelos habrá reglas y en “su casa” con mamá o papá
también las habrá.

Nota: En esta sección se ofrecen consejos prácticos para cada pregunta con base en la teoría existente y los criterios propios de la Asociación Guatemalteca De Padres a Hijos. Para abordar a profundidad cada tema y tratar cada situación específica, se recomienda la consulta directa con un psicólogo u otro especialista.
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Preguntas que los padres nos hacemos con más frecuencia
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