Hemos destinado esta sección para tratar de resolver las dudas que con frecuencia tienen padres y madres
de familia respecto a sus hijos.  Incluiremos las preguntas que nos envíen desde el formulario que aparece
en la página principal.
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específicos abordados en las distintas secciones del sitio:
87. ¿Por qué mi hija de 8 años está muy rebelde; siente muchos celos de su hermano de 6 años?

Gracias por su comunicación.  El comportamiento de los hijos responde directamente al comportamiento de
los padres. ¿Cómo es su relación con cada uno de los niños? ¿Desde cuándo ha percibido los celos de la
niña? ¿De qué podría ella sentir celos? ¿Es el trato hacia los dos igual?

La niña mayor tiene ya seis años de convivir con su hermano menor, habiéndose iniciado esta convivencia
cuando ella tenía dos años, justamente en la época cuando se sientan las bases de las relaciones sociales
y del desarrollo cognitivo y emocional.

Con la llegada del hermanito, los padres y las madres necesitan hacer un esfuerzo consciente por integrar
al bebé a la familia con los mismos derechos del resto de los miembros, y a medida que crece, con las
mismas responsabilidades. Es importante evitar los privilegios. Entre los dos y los seis años los niños y las
niñas tienen una alta expectativa sobre lo que consideran justo e injusto. Su idea de justicia se relaciona
con la de equidad en el sentido de que todos cumplan con las mismas reglas, reciban los mismos beneficios
y tengan las mismas oportunidades. De esta cuenta, es importante que los padres y las madres revisen muy
bien su actuar y se cercioren de que no “por chiquito/a” el hermano o hermana menor pueda hacer aquello
que a la hermana o al hermano menor le prohíben.

Las actuaciones de los padres y las madres son mensajes silenciosos pero altamente significativos para los
hermanos mayores. Ellos observan la nueva dinámica y el trato de sus padres hacia ellos mismos y hacia
sus hermanos menores para sacar sus propias conclusiones. A la edad de dos o tres añitos, esas
conclusiones son muy débiles pues su pensamiento no les permite ver las situaciones desde diversos
puntos de vista y por lo tanto, se corre el riesgo de que piensen que ya no les quieren, que los han
abandonado, que no son importantes, etc.

Padres y madres deben tener claro que los niños y las niñas, sean mayores o menores, necesitan tener su
espacio como miembros de una familia. Papá y mamá necesitan mejorar la toma de decisiones y tener plena
consciencia de sus acciones para que éstas refuercen en sus hijos que su amor es para todos los hijos por
igual y que siempre lo tendrán. No basta con decirlo: hay que demostrarlo con acciones.

Si ahora su hija está demandando de usted más afecto, no dude en dárselo, pero converse con ella y
preste mucha atención a lo que le diga para descubrir qué es lo que la está haciendo sentirse de esa
manera. Ella necesita sentirse segura de su amor y de su cariño para poder resolver los problemas que
pueda estar teniendo.

Valdrá la pena observar también si podría haber alguna otra situación que esté molestando a su hija, en los
estudios, sus amistades, otras relaciones familiares, etc. Recomendamos siempre la visita y entrevista
directa con un experto.

88. ¿Deben los padres ser amigos de sus hijos?

Padres y madres necesitan construir una relación ampliamente afectiva con sus hijos y mantener en todo
momento una comunicación abierta que permita una relación que potencie al máximo las habilidades y
cualidades de cada miembro de la familia.

La amistad es una posibilidad maravillosa que aunque pareciera observarse en los animales, en los seres
humanos es, sin lugar a dudas, una relación especial y profunda.

Existen quienes indican que si los padres y las madres se vuelven amigos o amigas de sus hijo/as
abandonan su función de orientadores, educadores y líderes en su hogar. No obstante, esto es imposible
que suceda si la amistad la entendemos como una relación en la que, sin intereses particulares, se
manifiesta la comprensión, el apoyo, el acompañamiento, la consejería y la promoción del crecimiento
personal del/la amigo/a.  Lo deseable en una relación entre padres e hijos es justamente que en un
ambiente de armonía y democracia, las interacciones o intercambios permitan ayudarse mutuamente a ser
mejores.

En la primera infancia, la labor formativa del padre y de la madre es crucial. Niños y niñas aprenden de sus
padres a ser “humanos” en sus primeros años de vida. Son sus padres quienes les ayudan a aprender a
regular su cuerpo; también es a través de la imitación de su ejemplo como aprenden a caminar, a hablar, a
amar la lectura, a desarrollar valores y a relacionarse con los demás.

Cuando papá y mamá juegan con sus hijos y hacen cosas juntos, fomentan el trabajo en equipo. Cuando
papá y mamá escuchan a sus hijos y comparten con ellos momentos de diversión, tristeza, aprendizaje y
hasta frustración, les están enseñando a ser amigos.

La parentalidad es una función altamente compleja que conlleva el desempeño de roles diversos. Los
padres son los primeros y principales educadores de sus hijos, pero también los primeros psicólogos, los
primeros pediatras, los primeros nutriólogos, los primeros compañeros de juego, los primeros consejeros y
por supuesto, también los primeros amigos.

¡Que disfruten plenamente de la relación afectiva y estrecha que es única e insustituible entre padres,
madres e hijo/as!

89. Hola. Tengo 2 niños uno de 3 años y medio y la niña de año y medio. Les encanta trepar los
muebles, botar los cojines y cuando les pido que los recojan no obedecen. Son inquietos; a
veces me hacen perder la paciencia.

Gracias por acercarse a nuestro espacio. Las edades de sus hijos son cruciales para el desarrollo de la
motricidad gruesa y los muebles como sofás y camas suelen ser los espacios preferidos por lo mullidos y
cómodos que son. Siempre es preferible que jueguen en el jardín, en áreas abiertas sin riesgos, pero
cuando no se dispone de un espacio amplio para ejercitar los músculos que están creciendo y aprendiendo
a moverse, el sofá y la cama pueden ser un buen recurso. La recomendación, por supuesto, es que haya
un adulto con ellos cuando juegan para evitar una caída y un mal golpe, pues en su intensa actividad, los
niños y las niñas corren el riesgo de perder el equilibrio, golpearse o caerse porque no se dan cuenta de
que han llegado al borde.

Si permite que jueguen en la sala, asegúrese de retirar adornos y objetos que puedan quebrarse y lastimar
a los niños. Las mesas de centro también son peligrosas por los bordes y las esquinas, peor aún si son de
vidrio. En cuanto a recoger los cojines, necesita establecer con ellos poco a poco la rutina. Lo primero será
acordar que mientras estén jugando, los cojines pueden estar dispersos, pero al terminar de jugar será
hora de recoger y dejar todo tan arreglado como estaba. Las reglas también pueden incluir quitarse los
zapatos para no ensuciar los muebles e incluso asegurarse de tener las manos y la carita limpias.

No espere a que sean ellos solos quienes recojan y ordenen. A su edad, aún es necesario que lo hagan
juntos para que imiten su modelo. Puede hacer carreras para ver quién recoge y coloca más cojines, o
asignar colores para que cada quien recoja un color distinto, pueden ir contando los cojines, colocarlos del
más grande al más pequeño, etc. Aún en las tareas de limpieza y arreglo de la casa, podemos aprovechar a
enseñar y reforzar conceptos tales como los tamaños, los colores, los números, las posiciones, etc. que les
facilitarán su desempeño en la escuela.

La paciencia es la principal virtud de los padres potenciadores. Ver y entender las cosas desde la
perspectiva infantil requiere altas dosis de paciencia. Si descubre que empieza a perderla, dese un minuto
para respirar y relajarse. Su ejemplo de autocontrol es importantísimo para que ellos también desarrollen
esta crucial habilidad para tener éxito en la vida.
Nota:  En esta sección se ofrecen consejos prácticos para cada pregunta con base en la teoría
existente y los criterios propios de la Asociación Guatemalteca De Padres a Hijos. Para abordar a
profundidad cada tema y tratar cada situación específica, se recomienda la consulta directa con
un psicólogo u otro especialista.
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Preguntas que los padres nos hacemos con
más frecuencia
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