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Contenido:
Comentario:
Ya en casa, no se sorprendan si su hijo o hija de pronto empieza
a jugar con objetos pequeños como si fueran monedas o con
papeles imitando lo que hicieron en la tienda o establecimiento de
compra. Jueguen ustedes también a la tienda: vendan peluches,
juguetes, marcadores, etc. Algunas veces ustedes pueden ser los
dependientes de la tienda, y otras veces, sus hijos. Los imanes
de la refrigeradora son muy útiles porque la variedad de figuras
que ofrece el mercado, permite que la tienda esté “muy bien
surtida”.

Hasta aquí se tiene la noción básica de que el dinero sirve para
adquirir bienes. Pero, ¿cómo se obtiene?

Hasta los cuatro o cinco años, los niños podrían creer que el
dinero es inagotable puesto que siempre nos ven pagar y
comprar. Si en casa se ha hecho el comentario de que papá o
mamá van a trabajar para ganar dinero para comprar,
posiblemente tengan una idea de que hay que hacer algo para
tener dinero.  Vale la pena, entonces, comentar con naturalidad:
“Hoy me pagaron por mi trabajo.  Ahora tengo dinero para hacer
las compras, los pagos y guardar un poco para emergencias”.  

Será todavía muy abstracto, pero al menos ya va quedando claro
de dónde viene el dinero. Para lograr interiorizar esta noción de
trabajar para obtener dinero, el niño o la niña necesitará
comprobarlo por su propia cuenta.  ¿Qué se puede hacer?  Jugar
de nuevo: Pueden jugar de tienda, pero esta vez los productos
realmente se entregarán al comprador a cambio de su dinero.  
Pueden jugar entre ustedes mismos, o bien, con familiares o
vecinos cercanos. El producto puede ser cualquier cosa: galletas,
pasteles, bebidas, flores, etc. A los cuatro o cinco años, será
difícil entender que dos monedas de veinticinco hacen cincuenta
centavos… La sugerencia es asignar el mismo valor a todo, de
preferencia, una unidad (un Quetzal para los guatemaltecos). Así,
podrá contar sus monedas y saber exactamente cuánto ha
ganado. ¡Ahora sí sabe, por experiencia propia, cómo llega el
dinero a nuestros bolsillos!

Esta experiencia debe aprovecharse para empezar a
desarrollar el hábito del ahorro.  Del dinero que  obtenga, puede
guardar una parte en una cajita para recurrir a ella para comprar
lo que desee, y guardar el resto en una alcancía.

Cuando vaya a terminarse el dinero de su cajita, sabrá cómo
puede volver a llenarla y hacer que pese más la alcancía.
Noción del dinero (Primera parte)
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 2
No. 17
El dinero es un bien misterioso para los niños en sus primeros
años.  Nos ven entregar esas monedas tan atractivas a las
personas para recibir a cambio artículos varios, pero no tienen
muy clara la “mecánica del juego”. ¿Cuándo empezar a
enseñarles las reglas del dinero?

La capacidad de observación de los niños en la primera infancia
es admirable.  Sus sentidos están bien “afinados” durante ese
período para prestar atención a los detalles. En casa,
seguramente les ha pasado que llevan un adorno nuevo y es lo
primero que descubre el bebé; incluso, si un adorno o mueble ya
no está, también es el primero en notarlo.

De esta cuenta, cuando vamos a la tienda y llevamos a nuestros
hijos con nosotros, ellos se dan cuenta de la transacción que se
hace.  Los de la tienda nos dan lo que necesitamos, pero
nosotros también les damos algo, en ocasiones son circulitos
sonoros, otras veces papelitos y otras, quizás plásticos duros.
¿Qué será todo eso?

Diré siempre que los padres somos los mediadores del mundo
para nuestros hijos.  La lección sobre el dinero empieza muy
temprano, a los dos años o quizá antes, con la observación de lo
que hacemos en la tienda o el supermercado.  El aprendizaje de
este concepto tan abstracto puede potenciarse a partir de estas
situaciones de compra-venta en la que nos acompañan nuestros
hijos.

Empezaremos enseñándoles el procedimiento y el nombre de los
distintos instrumentos de pago y diremos, por ejemplo:
“Acompáñame a comprar pan a la tienda. Para comprar el pan
necesitamos tres monedas. Mira aquí las tengo: una, dos, tres.
¿Quieres llevarlas tú en tu bolsillo?” Entonces vamos a la tienda,
pedimos el pan y cuando llega la hora de pagar, decimos.
“Vamos a pagar por el pan. Dale a la señorita las tres monedas
que traemos”.  Èl o ella las saca y cuando las entrega, decimos:
“Págale el pan”.  Ahora ya está más claro el mecanismo.  Lo
mismo se puede hacer con los billetes. En el caso de los
cheques, le explicaremos: “Voy a escribir un cheque para pagarle
a tu pediatra por la consulta”. Y para las tarjetas de crédito,
podemos pedirle que sea él o ella quien entregue la tarjeta de
crédito al dependiente para pagar por la compra.