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La comida también nos puede dar algún tiempo de conversación.
Lo mejor será preferir alimentos secos que el/la bebé pueda
tomar con sus manos, tales como cereal, galletas, palitos de pan,
zanahoria, apio, pasas, trozos de manzana. La elección
dependerá de las habilidades para comer del/la bebé y aquellos
alimentos a los que está acostumbrado. Colocar una manta
debajo para recoger migas o restos de comida demostrará
consideración con los anfitriones. Jugos naturales en vasos
cerrados antiderramables o que utilizan pajilla también son una
buena opción.
Ayudándole a controlar sus impulsos de ir de aquí para allá con
estas estrategias, enseñamos al(la) bebé a comportarse cuando
va de visita. Lo importante es entender sus necesidades,
reconocer que necesita estar haciendo algo porque es su época
óptima de aprendizaje y que en la medida en la que pensemos
primero en él/ella, nuestra vida también será más fácil. Cuando
se tiene hijos/as menores de tres años quizás lo mejor sea
programar las reuniones sociales para un máximo de dos horas,
aunque todo depende de la familiaridad con los anfitriones o
visitantes, las habilidades del/la bebé, si hay o no compañeros de
juego, etc.
Lo anterior también se aplica en cualquier otra situación en la
que hay que esperar, como en la consulta con el médico, cuando
vamos a recoger al hermano/a mayor o debemos esperar a
alguien, como cuando se espera a que el hermanito o la
hermanita mayor salgan de algún curso, etc. Niños y niñas
necesitan de nuestra ayuda para aprender a comportarse. Uno
de los principios que pareciera tener sentido en relación con los
niños y las niñas entre los ocho meses y los tres años es que no
se quedarán “quietos” a menos que la tarea entre manos sea lo
suficientemente retadora para su inteligencia. Es decir, que
únicamente lograremos mantener su atención con actividades
que les interesen y les motiven a explorar, de preferencia con
todos sus sentidos.
El juego siempre es la fórmula ideal para interactuar con los
bebés. El juego con los adultos aporta aprendizajes importantes,
pero el juego individual también es de gran valor, pues fomenta la
independencia y la autorregulación, por lo que experiencias como
las visitas y los momentos de espera son fabulosas
oportunidades de aprendizaje y desarrollo para los niños y las
niñas.
De aquí para allá por Mónica Sulecio de Álvarez Licenciada en Educación
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Cuando los bebés aprenden a desplazarse por sí mismos
gateando, y posteriormente cuando ya saben caminar, no habrá
quien los detenga. Son como diligentes hormiguitas que van de
aquí para allá, explorando, conociendo , descubriendo.
La energía de los primeros tres años de vida es especial. Los
niños y las niñas parecieran ser incansables pues no se detienen
durante el día más que unos minutos para comer y en algunos
casos, para tomar una siesta. Pero en sus momentos de vigilia,
son maquinitas que van de un lado a otro probándolo todo. Si
alguien está jugando con ellos, su energía les permite mantener
la atención en el juego hasta agotar todas sus posibilidades para
jugar algo más.
Sabiendo, entonces, cuál es la dinámica de los bebés a esta
edad, es lógico entender que adonde los llevemos necesitaremos
ayudarles para que puedan mantener en alguna medida la misma
actividad que tienen en casa. Si vamos de visita, por ejemplo, no
será posible que el/la bebé permanezca sentado/a y callado/a
durante la visita si no tiene algo qué hacer. Sin embargo, esto sí
puede suceder si le llevamos el juguete que tanto le gusta
explorar en casa, libros con imágenes coloridas y atractivas o una
“pizarra mágica” sobre las que se escribe con un lápiz especial de
plástico o de punta imantada. Tarjetas con figuras, bloques para
armar, paletas de colores, en fin, todo tipo de juguetes para
construir son útiles para que pueda ocupar su energía, mientras
los adultos conversan.
Las casas desconocidas son un reino sin explorar que por
supuesto, atraerá el interés del/la bebé. En ocasiones, los
anfitriones tienen algún juguete guardado nuevo o que era de los
niños de la casa; esto mantendrá su atención por un buen
tiempo. Una de las reglas de oro de los infantes en las primeras
edades es: lo nuevo por conocer siempre tiene más posibilidades
que lo viejo conocido. Trasladarse a conversar en el jardín
puede ser lo mejor para permitir que el/la bebé lo recorra.
Llevarle ese juguete que tanto le gusta empujar o halar, puede
darle seguridad para explorar el jardín por sí mismo/a. Una pelota
debe estar siempre dentro de la maleta de viaje, si es inflable
cabe perfectamente, si no, su lugar permanente puede ser el
baúl del automóvil. Las pelotas son un juguete de muchas
posibilidades desde que los bebés gatean.
