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Antes de caminar de forma autónoma, el bebé o la bebé necesita
aprender a medir la distancia que hay entre los objetos y su
cuerpo en movimiento; esto es imposible dentro de una araña
pues la distancia tendrá que medirla en función de la armazón del
andador y de los objetos, que no es la distancia real entre lo que
le rodea y su cuerpo.

Aparte de las limitaciones para el desarrollo motriz que la araña
supone, los bebés corren graves peligros dentro de ellas, por lo
que en algunos países su uso está prohibido. Sentados en la
araña, los bebés alcanzan alturas para las que aún no están
preparados cognitiva ni físicamente. Pasar de la posición segura
de estar sentado/a en su cuna o su silla de comer a la movilidad y
libertad de una araña es un cambio extremo que no le permite
acostumbrarse gradualmente a sortear los peligros que hay en
una casa como lo son las gradas, por ejemplo. Al gatear, el bebé
o la bebé puede aprender a lidiar con las gradas: a bajarlas y a
subirlas de manera segura. En una araña, el riesgo es mayúsculo
pues no es capaz de amortiguar una caída con sus brazos y
manos y el daño como consecuencia de un golpe fuerte en la
cabeza puede alcanzar proporciones indeseables.

Cuando de comprar cosas para el bebé se trata, papás y mamás
necesitan ser muy críticos y preguntarse si realmente será de
beneficio para estimular el desarrollo de las capacidades de su
hijo/a. También hay que tener mucho cuidado de evitar aquello
que se compra por “comodidad”, para tener “ocupado/a” al/la
bebé mientras se realiza alguna otra tarea. Todo cuanto se
ofrezca al bebé debe genuinamente ayudarle a desarrollar
habilidades motrices, cognitivas y emocionales

El desarrollo motriz de los niños y de las niñas depende de la
libertad que se les permita para experimentar con su cuerpo y
para ejercitarlo a su propio ritmo, sin intervenciones artificiales y
con el apoyo afectivo de unos padres amorosos y vigilantes.
Nada de arañas
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 3
No. 13
Hay en el mercado una serie de artefactos creados
supuestamente para potenciar el desarrollo de las capacidades
en los bebés. La recomendación es tener cautela con este tipo
de objetos, pues en ocasiones, lejos de ayudar pueden interferir
en los procesos naturales de desarrollo, como es el caso de los
andadores o arañas, como se conocen en Guatemala.

Los bebés no requieren de aparatos ni accesorios especiales
para aprender a caminar. La creatividad, el acompañamiento y el
reforzamiento positivo de papá y mamá es todo lo que necesitan.
Los andadores, que son una especie de bastidores con ruedas
sobre el que se sostiene una mesa que rodea la cintura del bebé
y de la que cuelga una silla de tela con agujeros para introducir
las piernas, lejos de potenciar el aprendizaje de la marcha en los
bebés, lo retrasa.

Al estar sentados y prácticamente colgando, los bebés
difícilmente desarrollan su musculatura en una araña. Los
músculos de sus brazos, caderas y piernas sí se fortalecen
cuando gatean, sobre todo cuando encuentran muebles robustos
de los cuales asirse para levantarse y hasta hacer sus propias
“sentadillas”.  

Para que el bebé o la bebé aprenda a caminar necesita aprender
a equilibrar su cuerpo por sí mismo/a; la araña se equilibra sola y
el bebé no necesita hacer nada para estabilizarla. Tampoco
puede hacer mucho para equilibrarla en caso de que se
desestabilice pues al estar atado/a a ella sus movimientos están
limitados; además, una araña es demasiado pesada para
aguantarla, y de ahí el riesgo de que al darse vuelta, el/la bebé
se caiga y se dañe severamente la cabeza.  

Para caminar, los bebés necesitan aprender a mover sus
extremidades (brazos y piernas) en patrón cruzado y observar
sus movimientos, lo cual no pueden hacer desde una araña pues
la mesa impide que se vean sus piernas y que puedan mover
libremente sus brazos a los lados. En una araña (o andador), lo
que el bebé o la bebé en realidad hace es sujetarse con sus
brazos a la mesa de la araña e impulsarse, muchas veces con
ambos pies, para avanzar, lo cual no le enseña a caminar porque
sencillamente así no es como camina un ser humano adulto.