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Ofrecer “una cinchada” a un niño o una niña le asusta
innecesariamente y lo único que se conseguirá es que su
comportamiento sea opuesto al que se desea. Intimidar y asustar
no son recursos de padres y madres efectivos, por el contrario,
son acciones que debilitan la relación y construyen imágenes
distorsionadas de un padre o una madre en los niños y las niñas.

Lo que un padre o una madre efectiva desea es mantener una
relación estrecha con sus hijos basada en sentimientos de amor,
seguridad y comprensión. No se trata de exceso de permisividad
sino de enseñar a hacer lo correcto por amor, con seguridad en
sí mismo y entendiendo claramente los beneficios del buen
comportamiento.

Al ofrecer o propinar cinchadas, el padre o la madre demuestran
su falta de control, provocando en el niño o la niña descontrol
también, y reacciones adversas y emociones aún más limitantes
como el odio, el resentimiento, la impotencia y la ira. La
construcción del carácter no parte de emociones limitantes, sino
que surge a partir del desarrollo de emociones potenciadoras
que permitan al niño o a la niña a tomar decisiones provechosas
para sí mismo/a y los demás.

Ningún padre o madre tiene el derecho para infringir dolor físico
en sus hijos. Su labor debe ser potenciadora en todo momento
de las capacidades en desarrollo de sus hijos e hijas. Partir
siempre de lo que ya puede hacer para formar más altas
capacidades. Ayudar a formar la capacidad de discernimiento
entre lo debido y lo indebido, lo correcto y lo incorrecto, lo bueno
y lo malo, a través del análisis de los eventos, es una de las
labores más importantes de los padres y las madres que inicia
con el nacimiento de los hijos. El análisis lógico se desarrolla con
la práctica y los niños y las niñas que no reciben estimulación
desde corta edad para hacer este análisis, encontrarán muy difícil
en el futuro tomar las mejores decisiones para sus vidas.

Antes de ofrecer o propinar una cinchada a sus hijos, asegúrese
de estar en control de sus emociones y capacidades mentales
para que pueda encontrar mejores formas para persuadir el
comportamiento de sus hijos a partir de la capacidad de análisis y
de emociones positivas.
Una buena cinchada no garantiza aprendizaje
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 4
No. 7
Posiblemente el castigo físico a los niños y las niñas marcó una
larga época de educación de los hijos en el siglo pasado.
Afortunadamente, esa práctica abusiva y de maltrato está
desapareciendo en la medida que los padres y las madres
aprenden a entender las necesidades de desarrollo de sus hijos
y la importancia de modelar comportamientos dignos de imitar.

Resolver los problemas a golpes nunca es la mejor opción. Es la
opción más primitiva. Los seres humanos estamos dotados de
una capacidad superior para entender desde la razón las
situaciones problemáticas y controlar nuestros impulsos
emocionales para decidir de forma consciente la mejor solución.
Ese es el mismo proceso que debemos modelar a los niños y las
niñas para que vayan también aprendiendo a resolver
efectivamente sus problemas.

Tener un objeto para “amenazar” al niño o la niña (aunque no se
le golpee con eso) con el fin de  que obedezca, ha sido una
lamentable práctica común por muchas décadas. Obedecer bajo
amenazas no tiene  sentido alguno. Los niños y las niñas
necesitan aprender a hacer las cosas que se les pide por
convicción, porque entienden que es lo mejor para ellos y para
todos en ese momento, y por ninguna otra razón.

Amenazar a un niño o una niña con golpearlo/a o golpearlo/a
directamente tiene efectos nocivos en su formación. En principio,
lo que se infunde es temor y habrá qué reflexionar sobre esta
emoción. El temor es útil a los humanos para escapar del peligro,
pero no es una emoción deseable para realizar el resto de
actividades. Mucho se habla, por ejemplo, del temor a la ley o al
castigo para que las personas se conduzcan debidamente, pero
eso no sería necesario si esas personas que infringen la ley
hubieran aprendido desde pequeños a buscar las mejores
alternativas de vida, aquellas que los hicieran ser mejores
personas y beneficiaran a quienes están a su alrededor.

Formar un ser humano temeroso no potencia en nada su
desarrollo óptimo. Por el contrario, existen muchos otros valores y
virtudes superiores que sí valdría la pena formar, como por
ejemplo, la rectitud, la tolerancia, la paciente, el amor, la paz, la
libertad, etc. Lo que sí es cierto es que ninguno de estos altos
valores y virtudes se forman a golpes ni cinchazos.