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Los Cuatro Pilares de la Educación por Mónica Sulecio de Álvarez Licenciada en Educación
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Los cuatro pilares de la educación es la propuesta
presentada a la UNESCO por la Comisión
Internacional sobre Educación para el Siglo XXI a
cargo de Jacques Delors. Por ser los padres de
familia los primeros y principales educadores de
nuestros hijos, bien vale la pena que los conozcamos
y que a través de estas líneas reflexionemos sobre las
que deberían ser nuestras prioridades al educar a
nuestros hijos.
Lo primero es ayudar a nuestros hijos a aprender a
conocer o más bien, a aprender a aprender. En
nuestra interacción diaria con ellos procuremos
ayudarles a reflexionar sobre la manera como
aprenden y a aprovechar mejor las herramientas de
aprendizaje para hacer suyos los conocimientos. Si
les enseñamos a aprender a aprender estaremos
garantizando que hagan del aprendizaje permanente
parte de su vida. Se trata de prepararlos para buscar
el conocimiento que les permita comprender el mundo
que les rodea y tomar mejor sus decisiones.
Aprender a aprender también significa disfrutar del
aprendizaje por el placer de comprender, conocer y
descubrir. Los niños son descubridores natos y como
padres de familia los ayudaremos grandemente si
fomentamos día a día su capacidad de asombro y su
curiosidad intelectual.
Lo segundo es que aprendan a vivir juntos en la
“aldea planetaria”. La convivencia saludable con las
demás personas es importante para disfrutar a
plenitud de nuestra existencia. Dentro de la familia
buscaremos oportunidades para aprender a resolver
conflictos pacíficamente y de manera creativa,
evitaremos tomar decisiones o emitir juicios de valor
basados en prejuicios, nos alejaremos de una
competitividad destructiva y daremos valor al
descubrimiento de las cualidades de los demás.
También es importante que los niños aprendan a ser
sensibles ante los sentimientos de los demás y a
respetar el derecho que todos tenemos de ser
diferentes. Fomentar el contacto con diversos grupos
en actividades extracurriculares para realizar
proyectos comunes puede ayudar a cumplir con este
objetivo. Colaborar en acciones humanitarias es
también importante para fortalecer la identificación con
las necesidades ajenas.
El tercer pilar es el de aprender a hacer. Esto se
relaciona con el desempeño del niño en su vida adulta,
principalmente en el ámbito laboral. Si ayudamos a
nuestros hijos a adquirir competencias que les
permitan ser efectivos en lo que hagan, les estaremos
abriendo las puertas a un mundo infinito de
posibilidades de realización. Además de capacitarse
para desempeñar un oficio específico y de saber utilizar
la tecnología, es importante que desde pequeños
también aprendan a correr riesgos para lograr lo que
anhelan. Amor incondicional, apoyo y libertad para
decidir y actuar es lo que necesitan de nosotros.
También es importante inculcar en nuestros hijos una
actitud permanente de servicio hacia los demás, así
como que los formemos para que sean agentes de
cambio y no meros observadores de los sucesos de la
vida. La participación en deportes, clubes deportivos,
actividades artísticas y culturales, así como el
conocimiento acerca de otras sociedades pueden ser
recursos útiles para aprender a hacer.
Por último, pero quizá el pilar más importante:
aprender a ser, lo cual significa ayudar a nuestros hijos
a conocerse a sí mismos y a desarrollarse plenamente
en cuerpo, mente y espíritu. Este principio está
encaminado a formar seres con criterio propio y
responsables de sus actos, que tengan control sobre
sus vidas y que desarrollen sus talentos. Se trata de
alejarse de la idea de “tener más” y acercarse a la idea
de “ser más” estando conscientes de su propia vida y
viviendo de manera íntegra basados en principios y
valores sólidos. Aprender a ser sensibles y disfrutar de
las manifestaciones artísticas y de la naturaleza misma
enriquece su espíritu. Estimulemos en el seno de
nuestro hogar la libertad de pensar, sentir, imaginar y
de crear al estilo particular de cada quien recordando
que los seres humanos somos únicos e irrepetibles.
Educar en los cuatro pilares no es una tarea fácil,
pero vivir en congruencia con ellos es un buen
comienzo. Los padres enseñamos con el ejemplo.
