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¿Quieren cepillarse los dientes antes de ponerse la pijama, pero
siempre lo hacen después? ¿Por qué no permitirlo? ¿Quieren
colocar el dulce que tienen en la boca dentro del vaso con agua?
¿Por qué no? ¿Quieren insertar un palito de madera dentro de
una de las macetas de la sala? ¿Por qué no? ¿Quieren rasgar el
papel? ¿Por qué no? ¿Quieren jugar con agua? ¿Por qué no?
¿Quieren llenar de agua una bolsa plástica? ¿Por qué no?...
Para los adultos, muchas de las ideas de los niños y de las niñas
parecen carecer de sentido porque nosotros ya sabemos que
pasa si llenamos una bolsa con agua, por ejemplo, pero
probablemente nuestros hijos no, y si ya, aún quedan
posibilidades por explorar. La búsqueda de esas respuestas es
precisamente lo que estimula su nivel cognitivo y su capacidad
para tomar decisiones. A los niños y a las niñas puede
permitírseles hacer muchas cosas si se les enseña “cómo”. Jugar
con agua de manera responsable, es una de las actividades
favoritas.
Por supuesto, esto de decir sí no se aplica cada vez que el niño o
la niña pide que se le compre algo en el supermercado, por
ejemplo. No se trata de que si se tiene la posibilidad se le
compre todo lo que pida, ¿por qué no? Aquí el mensaje es
distinto. No se está reforzando su habilidad para tomar
decisiones, sino fomentando el deseo por tener. Lo mismo
sucede cuando cada vez que van a la tienda le compramos las
golosinas que pide. ¿Por qué no? Al hacer esto, se estimula el
mal hábito de gastar el dinero en artículos innecesarios e incluso
dañinos para la salud.
Cuando se niega un comportamiento a un niño o a una niña, se
debe indicar claramente el motivo por el cual no es conveniente
que haga lo que quiere hacer. De esta manera, le ayudamos a
acumular suficientes referentes para tomar decisiones
posteriores. Si lo que quiere es jugar de catalejo con un vaso de
cristal, lógicamente podremos explicar el peligro en hacerlo e
impedir que lo intente; igualmente si quiere jugar con los fósforos
o cualquier otro objeto que lo coloque en una situación de riesgo.
La próxima vez que se sienta tentado a decir “no”, revise
internamente qué podría pasar si lo permite, y si las
consecuencias no trascienden más allá de tener que
ordenar de nuevo, recoger o limpiar, diga “sí” por el bien
de su hijo o hija.
No diga “no” cuando pueda decir “sí” por Mónica Sulecio de Álvarez Licenciada en Educación
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¿No diga “no” cuando pueda decir “sí”? La frase «no diga “sí”
cuando quiera decir “no”» es ampliamente conocida, pero la
habían escuchado ¿al revés?
Quienes tienen hijos menores de seis años, conocen de las
ocurrencias de los niños y de las niñas en este rango de edad.
Están conociendo el mundo que les rodea y quieren experimentar
con todo. Esta exploración de lo que son capaces de hacer es
de las actividades más útiles que pueden haber para su
desarrollo integral. No obstante, en muchos de los casos estas
exploraciones pueden implicar desorden, suciedad y hasta daño
material. Por esta razón, no es extraño que padres y madres no
permitan hacer muchas cosas a sus hijos. Sin embargo, cuando
no hay posibilidad de daño, sea físico o material, ¿por qué no
permitirlo?
No se trata de consentirlo todo, sino de tener cierta flexibilidad
para permitir a los niños y a las niñas experimentar con sus
propias capacidades y encontrar respuestas por sí mismos.
Las luchas de poder en la primera infancia suelen comenzar a
partir del segundo año, cuando los niños y las niñas adquieren
mayor independencia tanto física (pueden desplazarse solos,
comer solos, lavarse las manos, vestirse, etc.) como intelectual
(empiezan a tener su propio criterio en cuanto a lo que desean
hacer. El no permitir a los niños y a las niñas hacer lo que
desean (con medida, por supuesto, y responsablemente) debilita
su habilidad para tomar decisiones.
En el mundo real, nuestra calidad de vida dependerá de las
decisiones que tomemos. Esta capacidad para discernir entre lo
que es adecuado o no, lo que conviene o no, etc. empieza a
forjarse en la primera infancia cuando papá y mamá respetan las
decisiones de sus hijos sin imponer su voluntad por la fuerza.
Una técnica para determinar si la prohibición que estamos
indicando es válida es verificar que tengamos una justificación
lógica y suficientemente válida. “Porque regañan…”, “porque se
desordena” y “porque se ensucia (si no se ocasiona un daño
permanente) no son justificaciones suficientemente válidas. Si
hacen un esfuerzo constante por evaluar cada negación, se
darán cuenta de que un buen porcentaje de los “no” que dicen,
no tiene una justificación suficiente.
