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comportamiento que motivó la violencia de su mamá o su papá.
De esta cuenta, el comportamiento podría repetirse, generando
violencia nuevamente en un círculo vicioso y en una espiral de
emociones limitantes en aumento, con el consecuente daño a la
personalidad del niño o de la niña víctima del maltrato.
Cuando de disciplinar se trata, el principio fundamental es ayudar
al niño o a la niña a comportarse de la manera correcta. La
premisa básica es que papás y mamás se vean a sí mismos
como ejemplo del comportamiento ideal para resolver problemas.
Por lo tanto, en este enfoque, ni los castigos, ni los gritos, ni los
golpes pueden considerarse como ayuda, ni como un ejemplo
óptimo de la manera de resolver problemas.
Es de esperar que con la inmadurez de su razonamiento lógico,
niños y niñas, en ocasiones, exhiban comportamientos
inadecuados. También es de esperar que padres y madres
corrijan estos comportamientos con el objetivo de ayudarles a ser
mejores personas. Pero es fundamental, que antes de reaccionar
ante las circunstancias, padres y madres, reflexionen sobre lo
que están viviendo y decidan la mejor manera de responder.
Una manera efectiva de “tocar tierra” para descargar la energía
violenta que pueda derivarse de una respuesta indeseada es
controlar la respiración. La respiración que se experimenta
cuando se está en un estado emocional limitante es la respiración
superficial o toráxica, aquella en la que el aire entra y sólo llena
los pulmones. Para “tocar tierra”, es necesario una respiración
profunda de relajación o abdominal, que llene lentamente todo el
tronco hasta el abdomen. Una o dos de estas respiraciones dan
tiempo suficiente para “airear” el enojo, despejar la mente y
buscar mejores respuestas constructivas.
Como conclusión final, vale la pena decir también que la
experiencia de “tocar tierra” no se limita a la interacción con los
hijos, sino por supuesto también con la pareja, para que siendo
los hijos testigos de esta relación, aprendan estrategias para
manejar conflictos con efectividad.
Tocar tierra por Mónica Sulecio de Álvarez Licenciada en Educación
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Entre las sugerencias de seguridad para el autoservicio en los
expendios de gasolina, se recomienda a los conductores
descargar la energía estática acumulada por la fricción de la ropa
con los asientos del vehículo antes de tocar el tapón del tanque
de gasolina. Haciendo uso de esta sugerencia como metáfora, lo
mismo se aplicaría cuando de corregir a los niños y a las niñas se
trata. Lo primero es descargar la ira o la cólera, antes de
disciplinar la conducta.
Es frecuente que niños y niñas en edad preescolar hagan cosas
que no deben y que sea necesario corregir su comportamiento.
Sin embargo, papás y mamás deben tener muy claro que su
comportamiento se debe a su inexperiencia que les impide
anticipar las consecuencias como los adultos. Descargar la ira
antes de corregir a un infante es crucial para entrar en un estado
emocional de recursos que permita observar el evento con calma,
cuestionar con serenidad al niño o la niña sobre el motivo por el
cual hizo lo que hizo, ayudarle con palabras amorosas pero
firmes a reflexionar sobre el evento y encontrar mejores opciones
que garanticen que evitará ese comportamiento en el futuro.
La violencia con que con frecuencia se maltrata a los niños y a
las niñas, con la intención de corregirlos, responde a estados
emocionales negativos, por llamarles de algún modo, de los
padres y las madres. Para guiar la conducta de los niños y de las
niñas se necesita, ante todo, ser capaz de reconocer esos
estados emocionales limitantes, tales como la ira, la cólera, la
frustración, la desesperación, etc. y tener suficiente autocontrol
para evitar herir física o psicológicamente a un niño o niña
indefenso, así como para evitar se modelos de violencia y de un
pobre autocontrol de las propias emociones.
Como padre o como madre, saber autocontrolarse significa ser
capaz de reconocer lo que se está sintiendo; reconocer las
emociones que las acciones del hijo o de la hija están
provocando, liberarse de aquellas emociones que aumenten la
violencia en el comportamiento y decidir cuáles son las mejores
opciones para orientar de mejor manera la conducta del niño o
de la niña.
Vale la pena recordar que en medio de una situación violenta, no
puede haber aprendizaje y por tanto, lo que el niño o la niña
grabará con más fuerza será el evento y las emociones de
rechazo, debilidad, etc. que experimente, por encima del
