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Cuando llega la hora de dormir del bebé por Mónica Sulecio de Álvarez Licenciada en Educación
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Pocas cosas inquietan a los padres como la dificultad de dormir del bebé.
Lo que primero se debe tener claro en cuanto se tiene un bebé en casa
es que ni el padre ni la madre debe encargarse de dormirLo o dormirLa.
La función de papá y mamá es la de ayudarle a dormirSE. Es muy común
escuchar a los padres decir que “están durmiendo al bebé”, lo cual implica
que el que el bebé se duerma depende de ellos y no del bebé mismo. Por
eso entender la diferencia entre dormirLO/LA y ayudarle a dormirSE es
tan importante para reconocer que la actividad de dormir es exclusiva del
bebé o la bebé. Esto fomenta desde los primeros días la autonomía en el
sueño que deberá consolidarse en etapas posteriores.
Desde el primer día, el bebé debe tener su propio espacio para dormir.
Un lugar cálido, tranquilo y una cuna sólida y cómoda, como mínimo.
También desde el primer día, vale la pena colocarlo/la en su cuna para
dormir. Después de cada toma, sencillamente se le sacará el aire y se le
colocará en su cuna para que duerma. Para ayudarle a dormir, puede
cantársele, mecerlo/la, acariciarlo/la y hasta ponerle música suave. Lo
importante es que empiece a asociar su cuna con un lugar para
descansar.
En el primer mes, los bebés duermen casi 16 horas, despertándose cada
dos horas aproximadamente para alimentarse. No todos los bebés son
iguales, por lo que estos períodos pueden variar.. Sacarle bien el aire
después de cada toma, evitará que se sienta molesto y que concilie más
fácilmente el sueño. Mientras el bebé se acostumbra a los ruidos de la
casa se sobresaltará con cada uno, pero poco a poco su cerebro irá
aprendiendo a desconectarse de esos ruidos para permitir un sueño
profundo. Por supuesto, esto no significa que el bebé puede dormir con
“bulla”. Más bien, hay que respetar su período de sueño evitando hacer
ruidos innecesarios, no hablando recio cerca de él o de ella y alejándolo/la
del timbre o del teléfono para que no reciba el sonido demasiado recio.
La idea de muchos padres y madres de “acostumbrar a sus hijos a dormir
con bulla” no es la más adecuada. Si bien, los bebés son capaces de
“desconectarse” de los ruidos externos, en los bebés, el sueño es una
etapa en extremo importante de crecimiento, desarrollo cerebral y
recuperación de energía. Por ello, la responsabilidad de los cuidadores
es facilitar las condiciones necesarias para que el bebé duerma plácidamente
sin interrupciones hasta que él o ella decida despertar.
Otra receta común pero totalmente inadecuada es la de dejar llorar al bebé
en la noche para que aprenda a no despertar. En algún momento durante el
primer año el bebé logrará por fin dormir una noche corrida, pero mientras su
organismo madura lo suficiente para alcanzar este gran logro, necesitará la
ayuda de su papá y de su mamá para satisfacer sus necesidades en el
momento en que se produzcan. Dejar llorar lo único que enseña es a no
confiar en los demás, ni siquiera en sus propios padres porque cuando pide
ayuda, de la única manera que sabe hacerlo. llorando, no la recibe.
Generalmente, en los primeros cuatro meses de vida, cuando el bebé llora de
noche la necesidad básica es el hambre. Por supuesto, siempre es buena
idea revisar su cuna para detectar insectos o algún otro objeto que pudiera
estarlo/la molestando. Además, si despertara con fiebre o el llanto fuera
agudo como si tuviera dolor, también habría que considerar llamar al
pediatra.
No obstante, cuando el llanto es por hambre, lo más cómodo para la madre
lactante será pasar al bebé a su cama para amamantarlo/la. El olor de su
madre, el contacto físico y por supuesto el alimento tibio, permitirán al bebé
dormir plácidamente. Con las debidas precauciones, el colecho, o dormir en la
misma cama con los padres, es una práctica común en algunas culturas
latinas y una experiencia en extremo benéfica para los bebés. Esta práctica,
que no es muy aceptada en algunas otras culturas, fomenta la confianza
básica en los padres y fortalece el vínculo afectivo que se empieza a construir
entre ellos. Los bebés no “se malacostumbran” como muchos creen. Al
permitir que el bebé se pase con ellos cuando despierta en la noche, los
padres simplemente están satisfaciendo necesidades exclusivas de la etapa
de los primeros meses del bebé. Poco a poco, a medida que el bebé logra
prolongar sus períodos de sueño durante la noche, dormir con los padres ya
no será necesario.
La hora de dormir del bebé debiera respetarse como el ceremonial más
sagrado por la importancia que ese momento tiene en su desarrollo.
