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En el otro extremo está el estilo permisivo. Los padres y las
madres que adoptan este estilo para educar a sus hijos tienen la
idea de que su “bebé” es muy chiquito para saber lo que hace y
por eso puede hacer lo que quiera; su máxima favorita es “ya
cuando sea grande lo sabrá”. De esta cuenta, en casa casi no
hay reglas qué seguir, el niño o la niña puede irse a la cama a la
hora que quiera y despertarse a la hora que quiera. La
justificación es, “que aproveche ahora que es pequeño y puede”.
En este estilo están los padres que permiten que sus hijos de tres
y cuatro años todavía tomen pacha o lleven “pepe” para no
causarles “traumas o frustraciones”. Este tipo de padres y
madres hacen cualquier cosa “con tal de que su hijo o hija no
llore”. Si estropean las cosas lo justifican pensando que es
“chiquito” y no se dio cuenta de las consecuencias. Si arrebata
algo a su hermano mayor, generalmente le dicen al hermano
mayor, “déjalo porque él es más chiquito que tú”.
Este estilo es igualmente negativo para el desarrollo de los niños
y de las niñas porque no les permite aprender de sus errores. La
época de la primera infancia es justamente el período de
aprendizaje de las normas sociales y de la formación de hábitos
de alimentación, higiene y descanso. Los niños y las niñas que
son criados con este estilo, no aprenden a controlar sus impulsos
ni a asumir responsabilidades. Pueden también ser agresivos
pues han aprendido que todo lo que hacen debe recibir la
aprobación de los demás.
También hay padres y madres que prefieren involucrarse lo
menos posible en la educación de sus hijos. A este tipo de
padres y de madres les da igual cómo juegan o qué hacen sus
hijos, prefieren no intervenir en las desaveniencias entre
hermanos y cuando sus hijos se ven involucrados en problemas
con otros niños, prefieren que sean los padres de los otros niños
los que tomen el control y ayuden a resolver el conflicto. Estos
padres y estas madres dan prioridad a sus ocupaciones y cuando
sus hijos empiezan a asistir a una institución educativa, delegan
la educación de los niños y de las niñas en la institución. El salón
de belleza, el gimnasio y las reuniones con los amigos siempre
son prioridad antes que compartir momentos de juego con sus
hijos. Contratan nanas o niñeras para poder estar “tranquilos”.
Este estilo tampoco construye una relación nutritiva entre la
familia pues el mensaje que reciben los hijos es que no son
prioridad y realmente no les importan mucho a su padres.
Estilos de crianza que no ayudan a formar personalidades seguras y equilibradas por Mónica Sulecio de Álvarez Licenciada en Educación
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Pocas veces cuando llega la noticia de que esperan un bebé, la
pareja se toma un tiempo para reflexionar juntos sobre qué tipo
de padres les gustaría ser; señalar con claridad las razones de
esa decisión y debatir con la pareja las ventajas y desventajas de
uno u otro estilo de crianza. En el mejor de los casos, la pareja va
logrando acuerdos a medida que el bebé crece, pero en muchos
casos, cada uno adopta estilos diferentes, lo cual no permite que
los hijos crezcan con una idea de unidad entre sus padres. Lo
peor sucede cuando cada uno adopta estilos que no forman
buenos hábitos y además que son opuestos, se tiene entonces,
familias en las que uno de los padres es demasiado permisivo y
el otro demasiado autoritario.
Diane Baumrind identificó cuatro estilos de padres según sus
observaciones con una amplia gama de familias. A continuación
se describen tres estilos de padres y madres, a partir de los
identificados por Baumrind, que no permiten forjar
personalidades seguras y equilibradas. El cuarto estilo, que se
considera el que más potencia el desarrollo del ser humano, se
discutirá en un artículo aparte.
En el estilo autoritario, los padres tienen la idea de que los niños,
por su edad no son capaces de tomar decisiones ni de hacer
cosas sin cometer errores. De esta cuenta, los padres son los
que siempre les dicen qué tienen qué hacer, cómo vestirse, a qué
hora jugar, qué comer y qué no hacer. Dan mucha importancia a
la obediencia; no permiten que los niños o las niñas cuestionen
su palabra y utilizan los castigos y hasta el maltrato físico para
que los niños y las niñas cumplan con sus órdenes. Consideran
la etapa de la primera infancia como una etapa en la que los
niños son inútiles y hasta “torpes”, pero que afortunadamente es
transitoria. Dan poco valor a los “logros” de sus hijos pues los
consideran hasta cierto punto “normales” en el caso del
desarrollo motriz o del lenguaje, o bien, sin importancia como en
el caso de salir a ver en qué fase está la luna o descubrir
luciérnagas después de una tarde de lluvia. Para algunos de
estos padres y estas madres, lo realmente importante es que
empiece a asistir cuanto antes a la institución escolar para que
aprenda cosas importantes. Consideran el juego secundario,
como algo que al fin de cuentas deben hacer para entretenerse.
El estilo autoritario no construye una personalidad segura ni
independiente. Los niños criados bajo este sistema se vuelven
temerosos, agresivos, variables en sus emociones, raras veces
toman la iniciativa y su autoestima es baja.
