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Ante situaciones de peligro, lo mejor es enviar un mensaje sobre
lo que el niño o la niña debe hacer para evitar el peligro en vez
de decirle lo que “le va a pasar”.  En este, sentido jugar sobre el
brazo del sillón requerirá equilibrio y estrategias para sujetarse
bien y balancear su peso. Un mensaje adecuado puede ser
“Sujétate bien. Distribuye tu peso. o Mantén el equilibrio”.  Para
evitar riesgos, por supuesto, que es más fácil prohibir que lo
haga.  De hecho, lo que se pretende es que no se vuelva a subir
al brazo del sillón, pero la prohibición únicamente hace que el
reto sea más atractivo.

La motivación de exploración disminuirá cuando el niño o la niña
descubra lo que es sentarse sobre el brazo del sillón y los
mensajes sobre sujetarse fuertemente y mantener el equilibrio
quedarán grabados para futuras ocasiones en las que necesite
utilizar las mismas estrategias como cuando se ejercita en los
juegos infantiles del parque.

Igualmente, cuando el niño o la niña tiene un objeto peligroso en
su mano (un par de tijeras, por ejemplo), habrá que pedirle que lo
deje en un lugar seguro y que no lo vuelva a tomar porque es
peligroso, pero también mientras lo sostiene, mensajes como
“Camina despacio. Aleja la punta de tu cara. Sujétalo fuerte”, le
dan estrategias para ser capaz de “lidiar” con situaciones
riesgosas similares en otro momento.

No se trata de alejar de los niños del peligro como hicieron con la
Princesa Aurora y lo husos del reino en el cuento de la Bella
Durmiente, sino de enseñarle a tomar las mejores acciones para
cuidar de sí mismo/a.

Y la próxima vez que esté mojándose cuando ya el frío de la tarde
se empieza a dejar sentir, en vez de decir “te vas a enfermar” que
lo predispondría mentalmente a enfermarse, será mejor sugerir
que se seque y se cubra para mantener activas sus defensas.

¿Qué mensajes potenciadores de sus capacidades y estrategias
efectivas dejarás en la mente de tu hijo/a de ahora en adelante?
Acumular estrategias
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 3
No. 14
En las interacciones entre padres, madres e hijos es frecuente
escucharlos decir a sus hijos lo que les va a pasar si siguen
haciendo lo que están haciendo.  Por ejemplo, si está subido en
el brazo de un sillón, al niño se le dice “Bájate de ahí. Te vas a
caer”; si está jugando con un palo u objeto pesado, “Deja eso. Te
vas a golpear”; y, si está jugando con agua, “No te mojes. Te vas
a enfermar”.

Tal pareciera que hombres y mujeres al convertirse en padres
adquieren el don de la premonición y como ya saben lo que les
va a pasar a sus hijos, se lo dicen con la noble intención de
evitarlo.

Lo interesante de esto es que el niño o la niña que no hace caso
de dejar de jugar sobre el brazo del sillón, efectivamente se cae y
se escucha un gran “Te lo dije”.  Lo que no sabe esta madre o
este padre que había advertido a su hijo/a sobre lo que le iba a
pasar es que al decirlo, automáticamente activó el programa de la
caída en el cerebro de su hijo/a.  Al escuchar “te vas a caer”, el
niño o la niña se concentró en esta advertencia y la hizo suya al
punto de identificarse con ella y volverla una realidad.

De esta cuenta, lo que padres y madres dicen a sus hijos es en
extremo delicado pues puede tanto potenciar sus capacidades
como debilitar sus habilidades y lesionar profundamente su
autoestima.

En lugar de alojar en su mente ideas limitantes que lo/la pongan
en riesgo y le lleven al fracaso, el niño y la niña necesitan alojar
en su mente ideas que le conduzcan al logro y a la satisfacción
personal por lo logrado. ¿Quien se encarga de colocar estos
pensamientos en la mente de los niños? Los adultos y más
importante, su padre y su madre.

De esta cuenta, al dirigirse a sus hijos, padres y madres
necesitan vigilar lo que dicen de manera que con su mensaje
potencien las capacidades de sus hijos y a la vez, por supuesto,
los ayuden a protegerse de los peligros en los que su limitada
motricidad los coloca.