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El juguete ideal, es aquel que al elegirlo se tuvo en cuenta la
edad del niño o de la niña y la etapa de desarrollo por la que
atraviesa.

Para los bebés, antes de su primer cumpleaños, los juguetes
ideales son aquellos que les motivan a explorar relaciones de
causa y efecto: si hago esto, entonces obtengo este resultado: si
presiono este botón, saldrá el osito; si agito esto, lograré este
sonido, etc.

En el caso de los niños y niñas entre uno y tres años, los
juguetes deberían estimularlos a moverse, por ejemplo, aros para
saltar adentro y afuera; pelotas para lanzarlas dentro de un aro,
para derribar boliches, para atraparlas, etc.; también objetos de
distintos colores y tamaños para agrupar y ordenar según sus
características.

Para los niños entre tres y seis años, los juguetes ideales son los
que les permiten hacer sus propias creaciones como los bloques
para construir; los lápices de colores, marcadores y similares; las
cuentas para hacer collares; los títeres para inventar sus propias
historias; reproductores de voz estilo karaoké para que canten y
bailen, etc.

Al comprar, la pregunta básica debería ser siempre ¿qué
destrezas estimulará este juguete?  ¿Le ayudará a hablar más, a
entender relaciones lógicas, a orientarse en el espacio, a
desarrollar habilidades musicales, a esperar turnos y socializar?

Finalmente, aparte de disponer de los juguetes ideales, ¿en
dónde está la verdadera diversión?

Hay que tener cuidado con la motivación al consumo que la
publicidad ejerce especialmente en la época navideña.  La
felicidad de un niño no puede medirse por el número de baúles
de juguetes que pueda llenar, sino por los momentos en los que
se divirtió jugando con sus padres, hermanos y amigos.  Tener
sólo suma posesiones, hacer permite crecer.  La verdadera
diversión de tener un juguete consiste quizá en poder jugarlo con
alguien más y para los niños pequeños, ese alguien más es
siempre papá y mamá.
El Juguete Ideal
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 3
No. 5
En la primera infancia, la actividad principal de los niños y de las
niñas es el juego.  Jugando exploran el mundo que les rodea y
aprenden a relacionarse con los demás. Por esta razón, los
juguetes cumplen una función fundamental al ayudarles a
potenciar el desarrollo de destrezas físicas, cognitivas y sociales.
¿Cuáles serán entonces los juguetes ideales?

El juguete ideal es cualquier objeto que no presente riesgo de
asfixia, choque eléctrico, quemaduras, cortaduras, ni situaciones
indeseables similares. No necesariamente son objetos
elaborados en una fábrica de juguetes, sino que pueden ser una
simple frazada que sirva de mantel para día de campo o para la
mesa de té, de capa de un súper héroe, de paracaídas para el
osito de peluche o para disfrazarse de fantasmas.

El juguete ideal, en este sentido, es aquel que es versátil; que
permite una infinidad de posibilidades y que no tiene una única
forma de jugarse. Con las muñecas se puede jugar de mamá o
papá, pero también de pediatra o dentista, de maestra, de
rescatista, de vendedor de ropa para bebés o de juguetes, etc.
Los carritos de control remoto, por su parte, ponen a los niños y
a las niñas “tras el volante”, ayudándoles en su motricidad fina y
en la coordinación  óculo-manual, además al colocar distintos
obstáculos estimulan su creatividad y ayudan a desarrollar la
inteligencia espacial.  Las letras ya sean magnéticas o de
cualquier otro material sirven tanto para nombrarlas y escribir
palabras, como para preparar una “sopa de letras” a la que
agreguen la “p” de pimiento, la “t” de tomate, etc.  Pueden
utilizarse para clasificarlas según sus características (con curvas,
con líneas verticales-horizontales, etc. o por colores). También
sirven para “rotular” los muebles de la casa colocando una “m”
sobre la mesa y una “s” sobre la silla, por ejemplo. Y si pueden
entrelazarse, hasta pueden construirse formas especiales.

El juguete ideal, permite ejercitar varias habilidades a la vez. Con
una bicicleta, por ejemplo, ejercitan sus músculos y desarrollan
equilibrio, coordinación de sus movimientos, sentido de
orientación al conducirse, resolución de problemas en función del
terreno, etc. Con los rompecabezas aprenden a distinguir formas
y patrones, a reconocer colores, a organizar elementos en el
espacio y a identificar las diferentes partes de un todo. Además
ejercitan la motricidad de sus dedos y desarrollan vocabulario.