su aprobación y ejemplo para los niños es muy valiosa,
por lo que en esta etapa habrá que negociar más que
imponer, y prevenir antes que forzar. El objetivo con
cada acción que hagamos los padres será siempre
ayudarles a estar ellos mismos en control, a
autorregularse.
Aunque deben mantenerse las rutinas y las normas en
casa, éstas pueden flexibilizarse un poco. Hay un
principio que recomienda que “mientras más flexibles
sean los padres, menor resistencia mostrarán los
niños”. De esta cuenta, si la rutina del baño se está
complicando, tal vez podrían permitirse unos minutos
de juego en o con el agua, antes de bañarse y antes de
salir, o bien permitirle que decida bañarse antes o
después de hacer alguna actividad corta como colorear
una hoja, ensamblar algunos trozos o leer un cuento.
Si mantenerse sentado para comer cuando todos lo
hacen empieza a dificultarse, también puede variarse el
menú de modo que coma algo nutritivo tal como un
consomé con arroz o algunos trozos de pollo y dejar
para la refacción algunos palitos de zanahoria con
queso.
Si se empeña en no querer vestirse, puede
aprovecharse la oportunidad para reafirmar su poder de
decisión dándole opciones. ¿Quieres ponerte la camisa
blanca o la verde? Será su decisión y se sentirá
“orgulloso/a”. Si no quiere peinarse, que lo haga él o
ella, y así con el resto de actividades
Las transiciones de una actividad a otra suelen ser
conflictivas a esta edad. Es difícil por ejemplo salirse
del agua después del baño, dejar de leer cuentos antes
de dormirse, o apagar la televisión porque vamos a
salir. Ante todo, el mensaje que debemos transmitir es
el de respeto al derecho del niño o de la niña. Podemos
ayudarles a anticipar los eventos si al dejarlos jugar en
el agua y antes de salirse avisamos “en diez minutos
se va el agua”, “en cinco minutos se va el agua”, etc.
Esto los prepara para cambiar de actividad de manera
que cuando “el agua se vaya” acepten de buen grado la
siguiente actividad.
Si retroalimentamos efectivamente
sus esfuerzos por ser auto-
suficientes les ayudaremos
en la travesía hacia la autonomía.


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Cuando el negativismo es positivo por Mónica Sulecio de Álvarez Licenciada en Educación
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Ese dulce niñito o esa encantadora niñita que ya sabe
caminar, que hace gracias y que hace lo que le
decimos, de un día para otro se ha vuelto rebelde. A
todo dice no y cuando tratamos de convencerlo el “no”
es cada vez más enérgico. ¿Qué pasó?
Esa etapa de rebeldía es absolutamente normal en los
niños a partir de los dos años aproximadamente.
Sencillamente lo que sucedió es que el bebé o la bebé
se dio cuenta de que no sólo es independiente
físicamente de sus padres para desplazarse hacia
donde él o ella desee, sino que también es
independiente en cuanto a los pensamientos. Acaba
de descubrir que puede pensar de manera diferente
que sus padres y trata de comprobarlo en cada
oportunidad que tiene oponiéndose a lo que se le pide.
¡Fascinante! ¿Verdad?
Estar muy conscientes de esta etapa de negativismo
“persistente” que empieza a disminuir alrededor de los
tres o cuatro años es crucial a la hora de educar, para
que lejos de pretender hacer que se cumplan sus
órdenes, los padres y las madres puedan orientar
asertivamente el comportamiento de sus hijos e hijas.
El florecimiento de la autonomía en la etapa de los
primeros pasos es un hito de gran trascendencia pues
será a partir de este momento cuando el niño y la niña
empiecen a construir su sentido de confianza en sí
mismo/a y los mecanismos para regular su conducta
por cuenta propia. Al darse cuenta de que pueden
tener ideas propias, reafirman su concepto del yo y
empiezan a entenderse mejor. En esta etapa, podrán
empezar a reconocer cómo se sienten y se opondrán
a que otros tomen decisiones por ellos.
Una de las ventajas de esta etapa es que, aunque aún
no hablan a la perfección, sus habilidades de
comunicación les permiten manifestar con más
claridad sus necesidades, gustos y disgustos. De
igual manera, nos entienden mejor y con paciencia,
tolerancia, flexibilidad y creatividad podremos
ayudarles a salir de esta etapa de “choques” como
personitas autónomas, seguras de sí y en capacidad
de controlar su propio comportamiento.
Papá y mamá siguen siendo sinónimo de autoridad y
