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el hermano o la hermana mayor les hace sentir importantes; y,
por estar en la época del “yo solito”, también están en mejor
disposición para ayudar. A esta edad, el lenguaje está mucho
mejor desarrollado. Entienden casi todo y pueden comunicar
mejor sus ideas y hasta sus emociones, lo cual es muy importante
cuando de nuevos hermanos se trata.

Si los hermanos se llevan entre dos y tres años, será mucho más
fácil que jueguen juntos y que sus intereses sean parecidos.  En
la primera infancia, un hermano mayor de cinco años y uno
menor de tres, poseen destrezas parecidas. El mayor, por
supuesto, tendrá mayor habilidad y fuerza, pero el menor tiene
todo el deseo de aprender y hacer las cosas igual que lo hace su
hermano/a.

Cuando la diferencia es de más de cuatro años, el juego de uno
a uno es más difícil pues un niño de tres años y uno de siete sí
poseen destrezas e intereses diferentes. Esto no significa que no
vayan a llevarse bien, por el contrario, la relación puede ser
sumamente estrecha al desarrollar el/la mayor cierto amor
protector por su hermano/a menor. Tampoco se trata de que se
sienta su papá o su mamá, pero sí podría comportarse con más
consideración con su hermano/a como leerle cuentos y ayudarle
a hacer las cosas que por su edad, aún no puede realizar.

Respecto a la cantidad ideal de hijos por familia, cada familia
decide cuántos hijos es el número ideal para ellos. Sin embargo,
dos hijos parece seguir siendo el número ideal tanto para lograr
vínculos afectivos estrechos entre ellos como para prodigarles las
atenciones y cuidados que necesitan y se merecen.

Idealmente, los hermanos debieran llevarse entre dos y tres
años, pero esto tampoco es una regla. Cuando las circunstancias
no lo permiten, tener un hermano a una edad mayor puede ser
una experiencia maravillosa y una oportunidad espléndida para
desarrollar los más sublimes sentimientos. Lo que sí vale la pena
resaltar es que independientemente de los años que los hijos se
lleven entre sí (dos años como mínimo), la labor de los padres es
fortalecer los lazos fraternos para que el amor entre ellos sea
único y especial.
El mejor momento para sumar un nuevo miembro
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 3
No. 15
Literatura especializada sobre el desarrollo infantil y las
relaciones entre hermanos sugieren que idealmente los
hermanos se lleven entre 2 y 3 años. Cuando la diferencia es
menor de dos años, significa que el/la mayor tenía un poco más
de un añito cuando se le comunicó la noticia de que tendría un/a
hermanito/a.  A esa edad, están empezando a entender su idioma
y aún no pueden comunicarse en palabras, por lo que la llegada
de un bebé a la casa podría ser difícil de entender.  Además,
aunque el bebé de año y medio es bastante independiente
porque principalmente ya camina por sí mismo/a, aún necesita de
la presencia de sus padres para apoyarse en su afecto y su
orientación para interpretar el mundo que le rodea y aventurarse
a adquirir nuevos aprendizajes.  Poco a poco está dejando de ser
un bebé pero él o ella aún no está completamente seguro/a de
dejar de serlo, por lo que un nuevo bebé en casa podría
hacerlo/a sentir desplazado/a.

Por otro lado, las molestias naturales del período de gestación
podrían interferir en la relación madre e hijo/a en la etapa crucial
del primer añito, al ya no poder jugar como antes, ni poder
cargarlo/a como antes. El razonamiento a esta edad está
evolucionando rápidamente, pero aún puede ser difícil
comprender por qué su mamá que jugaba tanto con él o ella,
ahora ya no lo hace.

Cuando los hermanos se llevan un año o menos de un año de
diferencia puede correrse el riesgo de obligar al mayor a crecer
demasiado rápido por la necesidad de que se atienda solo/a
mientras se cuida del recién nacido. Niños y niñas necesitan
siempre de la compañía de su papá y de su mamá, pero en los
primeros dos años, los padres son sus compañeros de juego
favoritos; un bebé en casa limitaría bastante esta interacción.  

Darle a cada hijo su momento para gozarse a sus padres es la
mejor decisión para su estabilidad emocional y por supuesto,
también para la salud de la madre, pues los embarazos debieran
espaciarse con un intervalo de al menos 18 meses para permitir
la recuperación del embarazo anterior. Por el contrario, iniciar el
embarazo del segundo hijo cuando el/la primogénito/a tiene 18
meses, permite que ya esté llegando a los dos años cuando se le
comunique la noticia de la llegada de un nuevo miembro a la
familia.   A los dos años, los niños y las niñas ya son bastante
independientes si se les ha ayudado a serlo, y generalmente
están resueltos a ya no ser bebés sino, por el contrario, les
entusiasma la idea de ser “niños grandes”.  La idea de ser el