© Derechos reservados, 2004-2007.
|
Califique este artículo:
La opinión de los lectores es muy importante para ofrecer contenidos de calidad, así como para personalizar los artículos y
satisfacer mejor sus necesidades de información. Por favor, califique este artículo según la siguiente escala e incluya sus
comentarios. Gracias.
(Escala: *** Excelente, ** Bueno, * Regular)

- En casa se practica la paciencia cuando mamá o papá están
ocupados y no pueden atender inmediatamente las demandas
de los hijos. Niños y niñas menores de seis años quieren todo
¡ya!, pero a excepción de las necesidades básicas, en
ocasiones no todo puede ser “¡ya!”. Pedirle que espere a un
niño o niña de tres años es un reto, pero se le pueden enseñar
estrategias para que aprenda a esperar. En el caso de que
quiera cenar alguna comida que sea elaborada, por ejemplo,
se le dice que lo que desea comer lleva bastante tiempo de
preparación y que mientras tanto puede ayudar con el
proceso. De esta manera estará ocupado/a y la espera será
más fácil.
- Cuando mamá o papá hablan por teléfono es otro buen
momento para aprender a esperar. Una sugerencia es
establecer una rutina de lo que el niño o la niña hará mientras
mamá o papá está ocupado en el teléfono. A lo mejor tener
una bolsa con juguetes que pueda jugar solo/a y que sean
principalmente para esta situación. Avisar que van a hablar por
teléfono debiera ser la señal que indique el comportamiento:
hacer silencio y dedicarse a alguna actividad individualmente.
Por supuesto, tampoco se trata de pasar horas hablando por
teléfono. Hay que recordar que los lapsos de atención de los
niños y de las niñas menores de seis años son cortos.
- Afuera, la paciencia se practica en las filas de carros o del
supermercado, o bien, en la consulta del médico. Tener algo
para hacer mientras se espera es siempre la mejor estrategia.
Incluso si se va a un concierto. Una hora de recital puede ser
mucho tiempo para un niño o niña de tres o cuatro años, pero
sin obligarlo/a, es posible ayudarle a pasar el tiempo
interesado/a en la actividad. Algunas ideas son sugerirle que
cierre los ojos y se imagine cosas según lo que escucha, o
bien, que observe los movimientos del concertista, o los
instrumentos de la orquesta, etc.
- Involucrarse en actividades artísticas como la pintura, la
danza, la ejecución de algún instrumento, etc. son actividades
que favorecen el desarrollo no sólo de la paciencia, sino
también de la perseverancia y de la disciplina. Sin obligarle, ni
regañarle, se puede motivar al niño o a la niña a darse tiempo
para perfeccionar algo que aún no puede hacer. Puede
decirse algo como “ten paciencia, respira profundo y practica;
practica hasta que te salga como tú deseas.
Hay muchos momentos diarios en los que se necesita ser
pacientes. Son justamente esos momentos los que hay que
aprovechar para formar el valor de la paciencia.
¡Paciencia! por Mónica Sulecio de Álvarez Licenciada en Educación
|
¿Pero es que entonces los niños y las niñas menores de seis
años pueden ser pacientes? ¡Sí! Tal como lo confirman las
investigaciones neurocientíficas, la primera infancia es la época
en la que se sientan las bases de todos los conocimientos, las
habilidades, los hábitos y los valores que los niños y las niñas
adquirirán en edades futuras. Si en la primera infancia no se
adquieren conocimientos mínimos ni se potencian capacidades
mínimas, en edades mayores, el desarrollo de habilidades más
complejas es más difícil.
Cuando de primera infancia se trata, el dicho popular que reza
“sembrar hoy para cosechar después” es siempre cierto. En
materia de virtudes como la paciencia, esto es completamente
aplicable. A ser paciente se aprende, pero ¿cómo?
El método de aprendizaje predilecto de los infantes es la imitación
y por lo tanto la observación de modelos. En la primera infancia,
los modelos más importantes son papá y mamá. De esta cuenta,
para enseñar paciencia lo primero que debe hacerse es ser
paciente uno/a mismo/a.
- Paciente en esperar a que los niños y las niñas concluyan lo
que están haciendo para pedirles que hagan otra cosa. Por
ejemplo, permitirles que terminen de colorear lo que están
coloreando para que se vayan a bañar.
- Paciente para esperar a que hagan las cosas por sí mismos.
Por ejemplo, abrocharse ellos mismos su abrigo. Las manos
pequeñas y aún con movimientos poco coordinados dificultan
la tarea y hacen que sea necesario más tiempo de lo normal.
Mamá y papá demuestran paciencia cuando esperan a que él
o ella lo logre solo/a.
- Paciente para escuchar sus historias. Niños y niñas en la
primera infancia tienen una amplia imaginación y son capaces
de elaborar “laaaargas historias” sobre infinidad de personajes
copiados de alguna fuente o creados por ellos mismos.
Además de escucharlos pacientemente, hacer comentarios
demostrará el interés por la historia y el mensaje que recibirán
es que merecen ser escuchados, lo cual fortalecerá su
autoestima.
Además de observar modelos, ¿qué más permite desarrollar la
paciencia? La práctica. Es importante enseñar palabras como
“esperar”, “paciencia”, “dar tiempo”, “calma”, etc. en el contexto
indicado, además de ofrecer opciones de cosas que se pueden
hacer mientras se espera.
