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  • En casa se practica la paciencia cuando mamá o papá están
    ocupados y no pueden atender inmediatamente las demandas
    de los hijos. Niños y niñas menores de seis años quieren todo
    ¡ya!, pero a excepción de las necesidades básicas, en
    ocasiones no todo puede ser “¡ya!”. Pedirle que espere a un
    niño o niña de tres años es un reto, pero se le pueden enseñar
    estrategias para que aprenda a esperar. En el caso de que
    quiera cenar alguna comida que sea elaborada, por ejemplo,
    se le dice que lo que desea comer lleva bastante tiempo de
    preparación y que mientras tanto puede ayudar con el
    proceso. De esta manera estará ocupado/a y la espera será
    más fácil.
  • Cuando mamá o papá hablan por teléfono es otro buen
    momento para aprender a esperar.  Una sugerencia es
    establecer una rutina de lo que el niño o la niña hará mientras
    mamá o papá está ocupado en el teléfono. A lo mejor tener
    una bolsa con juguetes que pueda jugar solo/a y que sean
    principalmente para esta situación. Avisar que van a hablar por
    teléfono debiera ser la señal que indique el comportamiento:
    hacer silencio y dedicarse a alguna actividad individualmente.
    Por supuesto, tampoco se trata de pasar horas hablando por
    teléfono. Hay que recordar que los lapsos de atención de los
    niños y de las niñas menores de seis años son cortos.
  • Afuera, la paciencia se practica en las filas de carros o del
    supermercado, o bien, en la consulta del médico.   Tener algo
    para hacer mientras se espera es siempre la mejor estrategia.
    Incluso si se va a un concierto. Una hora de recital puede ser
    mucho tiempo para un niño o niña de tres o cuatro años, pero
    sin obligarlo/a, es posible ayudarle a pasar el tiempo
    interesado/a en la actividad. Algunas ideas son sugerirle que
    cierre los ojos y se imagine cosas según lo que escucha, o
    bien, que observe los movimientos del concertista, o los
    instrumentos de la orquesta, etc.
  • Involucrarse en actividades artísticas como la pintura, la
    danza, la ejecución de algún instrumento, etc. son actividades
    que favorecen el desarrollo no sólo de la paciencia, sino
    también de la perseverancia y de la disciplina. Sin obligarle, ni
    regañarle, se puede motivar al niño o a la niña a darse tiempo
    para perfeccionar algo que aún no puede hacer. Puede
    decirse algo como “ten paciencia, respira profundo y practica;
    practica hasta que te salga como tú deseas.

Hay muchos momentos diarios en los que se necesita ser
pacientes. Son justamente esos momentos los que hay que
aprovechar para formar el valor de la paciencia.
¡Paciencia!
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 3
No. 16
¿Pero es que entonces los niños y las niñas menores de seis
años pueden ser pacientes? ¡Sí!  Tal como lo confirman las
investigaciones neurocientíficas, la primera infancia es la época
en la que se sientan las bases de todos los conocimientos, las
habilidades, los hábitos y los valores que los niños y las niñas
adquirirán en edades futuras. Si en la primera infancia no se
adquieren conocimientos mínimos ni se potencian capacidades
mínimas, en edades mayores, el desarrollo de habilidades más
complejas es más difícil.

Cuando de primera infancia se trata, el dicho popular que reza
“sembrar hoy para cosechar después” es siempre cierto.  En
materia de virtudes como la paciencia, esto es completamente
aplicable. A ser paciente se aprende, pero ¿cómo?

El método de aprendizaje predilecto de los infantes es la imitación
y por lo tanto la observación de modelos.  En la primera infancia,
los modelos más importantes son papá y mamá. De esta cuenta,
para enseñar paciencia lo primero que debe hacerse es ser
paciente uno/a mismo/a.

  • Paciente en esperar a que los niños y las niñas concluyan lo
    que están haciendo para pedirles que hagan otra cosa.  Por
    ejemplo, permitirles que terminen de colorear lo que están
    coloreando para que se vayan a bañar.
  • Paciente para esperar a que hagan las cosas por sí mismos.
    Por ejemplo, abrocharse ellos mismos su abrigo. Las manos
    pequeñas y aún con movimientos poco coordinados dificultan
    la tarea y hacen que sea necesario más tiempo de lo normal.  
    Mamá y papá demuestran paciencia cuando esperan a que él
    o ella lo logre solo/a.
  • Paciente para escuchar sus historias. Niños y niñas en la
    primera infancia tienen una amplia imaginación y son capaces
    de elaborar “laaaargas historias” sobre infinidad de personajes
    copiados de alguna fuente o creados por ellos mismos.
    Además de escucharlos pacientemente, hacer comentarios
    demostrará el interés por la historia y el mensaje que recibirán
    es que merecen ser escuchados, lo cual fortalece su
    autoestima.

Además de observar modelos, ¿qué más permite desarrollar la
paciencia? La práctica. Es importante enseñar palabras como
“esperar”, “paciencia”, “dar tiempo”, “calma”, etc. en el contexto
indicado, además de ofrecer opciones de cosas que se pueden
hacer mientras se espera.