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el futuro no vuelvan a hacerlo y no tanto en infundir miedo a un
castigo. Ayudan a sus hijos a enmendar sus errores y reparar los
daños que hayan ocasionado y cuando el caso lo amerita,
demuestran que en ocasiones ya no es posible enmendar lo
hecho y por eso es necesario tener precaución para no hacerlo.
Aprovechan los accidentes de sus hijos para ayudarles a razonar,
a resolver problemas efectivamente y evitar accidentes futuros,
en vez de hacerles sentir culpa o frustración. Elogian el buen
comportamiento de sus hijos y les permiten equivocarse para
aprender de sus errores.
En los hogares de estos padres y madres se siguen rutinas en
cada momento del día para forjar hábitos; también hay normas
claras que todos los miembros de la familia respetan. No hay
privilegios para los mayores.
Los padres y las madres democráticos o autorizados reconocen
en cada experiencia una oportunidad de exploración y
aprendizaje para sus hijos. Saben que con la lluvia, por ejemplo,
pueden aprender sobre el agua, su ciclo y efectos, así como las
necesidades de las plantas, los cambios de temperatura, el
estado del tiempo, etc. Entonces, cuando llueve, animan a sus
hijos a observar los cambios en la naturaleza y experimentar qué
sucede si se queda un contenedor plástico afuera o una caja de
cartón.
También son respetuosos con los sentimientos de sus hijos.
Reconocen que tienen derecho a enojarse o entristecerse aún
por motivos que a los adultos les parezcan insignificantes y les
ayudan a superar estas crisis de forma positiva, ofreciéndoles
alternativas que resuelvan el problema y brindándoles su regazo
para desahogarse.
Los hijos y las hijas de los padres y las madres autorizados
confían en el amor de sus padres, lo cual les da seguridad para
aventurarse a lo desconocido, para explorar, aprender, adoptar
nuevos hábitos, establecer nuevas relaciones, interactuar con
sus semejantes, así como con niños y niñas más pequeños o con
adultos. En pocas palabras, los hijos de padres y madres
democráticos disfrutan de una vida feliz.
Padres y madres que potencian a sus hijos por Mónica Sulecio de Álvarez Licenciada en Educación
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Diane Baumrind identificó cuatro estilos de padres según sus
observaciones con una amplia gama de familias: los autoritarios,
los permisivos, los que no se involucran y los autorizados o
democráticos.
En un artículo anterior se describieron los estilos autoritario,
permisivo y desinvolucrado como prácticas de crianza que no
permiten el desarrollo pleno de un individuo libre y equilibrado.
En este artículo, se describirá el tipo de interacción entre padres,
madres e hijos, que sí contribuye a desarrollar el potencial de los
niños y a forjar seres responsables y autónomos, capaces de
tener éxito en lo que se propongan.
De los padres y las madres que mantienen una comunicación
abierta con sus hijos y que aprovechan cada interacción para
aportar al desarrollo de sus hijos, se dice que utilizan un estilo
“autorizado” o “democrático” para educar a sus hijos.
En primer lugar, reconocen y respetan los derechos de los niños
como seres individuales. Respetan sus intereses y decisiones
desde muy temprana edad y les brindan oportunidades para que
puedan escoger. No imponen su voluntad sobre la de sus hijos, y
se valen de juegos o de la razón para lograr que los niños y las
niñas realicen determinadas acciones.
Ayudan a desarrollar el pensamiento crítico de sus hijos
explicándoles las razones por las cuales se hace o deja de hacer
algo. Permiten que sus hijos les acompañen en casi la mayoría de
actividades que realizan en casa como cocinar, lavar el automóvil,
cortar el césped, limpiar las ventanas y les permiten realizar
tareas sencillas para alimentar su autoestima y sentimiento de
valía.
Cuando sus hijos se enfrentan con situaciones retadoras como
enroscar una botella o desatar un nudo, no hacen la tarea por
ellos; es decir no la enroscan o lo desatan, sino que intervienen
hasta el punto a partir del cual pueden continuar los niños y
explican el procedimiento. Dicen cosas como, “Mira no se podía
enroscar porque aún no estaba colocada completamente sobre la
boca de la botella. Ahora ya lo está. ¡Prueba de nuevo!”.
Al corregir a sus hijos, concentran su esfuerzo en que sus hijos
se den cuenta de las consecuencias que provocaron para que en
