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Comentario:
rutinas con el fin de que el tiempo invertido durante el día,
realmente esté dedicado al bebé o al bebé. En Australia, se hizo
un estudio en el año 2003 en el que se encontró que las madres
que se quedaban en casa para atender al bebé, apenas les
dedicaban una hora más que las madres que trabajaban
jornadas completas de ocho horas.  Al quedarse en casa, se
corre el riesgo de dedicar mucho tiempo a las actividades
domésticas y dejar que el bebé juegue solo o sola.

Si bien, los bebés necesitan tiempo solos para descubrir el
mundo por sí mismos, la oportunidad de oro de compartir con el
bebé o la bebé un día completo radica en hacerlo partícipe de
casi todas las actividades que se realizan. Además, las tareas
domésticas pueden ser excelentes ejercicios para potenciar
destrezas psicomotrices, de comunicación y sobre todo para
establecer un fuerte vínculo emocional entre la madre/el padre y
el/la bebé..

Si toca limpiar las puertas y el bebé ya gatea, puede “ayudar” a
limpiar la sección inferior de la puerta, mientras mamá o papá se
encarga de la parte superior. Si lo que toca es lavar la ropa, con
ayuda es posible alzarlo para que lance, como si estuviera
jugando basquetbol, la ropa entre la lavadora. Y si se está
lavando algo en el lavadero, el bebé o la bebé también puede
tener su propio “lavadero” que consista en un recipiente con
agua sobre una toalla grande para que lave ropa (toallitas, por
ejemplo) o sus juguetes.  Cuando ya camina, las escaleras de
dos peldaños son muy útiles para que pueda ayudar en la
cocina.  Siempre con supervisión, puede ayudar a medir el arroz
o la pasta, condimentar la comida, espolvorear queso, hacer
gelatina, preparar masa, etc.

Por otro lado, el lenguaje se ve fuertemente estimulado si en
cada actividad, mamá o papá describen los nombres de los
objetos, dan instrucciones concretas al/a la bebé, hacen gestos
de agrado como cuando preparan algo sabroso y de desagrado
cuando deben lanzar un calcetín sucio, etc.  El tiempo de
realización de las labores posiblemente se duplique, pero este
tipo de convivencia garantiza que el desarrollo del bebé y de la
bebé se potencie al máximo.

Los niños y las niñas necesitan cantidad de tiempo con sus
padres durante la primera infancia y también que en esa
cantidad de tiempo, participen en actividades que estimulen sus
músculos, sus sentidos y por sobre todo, su afectividad.
Cantidad y Calidad
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 3
No. 6
La primera infancia, el período desde antes del nacimiento hasta
los seis años, es una etapa crucial en el desarrollo del ser
humano debido a la multitud de aprendizajes para la vida que en
ella se adquieren.  Pero de estos seis años, los primeros tres
años son quizá, los más importantes en el desarrollo por ser los
años en los que se sientan las bases para el desarrollo
psicomotor, emocional, cognitivo y social de los niños y de las
niñas.  En estos primeros años, la interacción con los padres es
única e insustituible, de tal manera que bien vale la pena que al
decidir agrandar la familia, los padres planifiquen bien sus
horarios de trabajo para que al menos uno de ellos pueda
dedicarle tiempo completo al bebé o por lo menos, una buena
parte del día.

En el caso del primer hijo, los primeros tres años de vida es el
período en el cual los esposos aprenden a ser familia. La ayuda
de las abuelitas siempre se agradece, pero es mejor que desde
un principio sean los padres exclusivamente quienes se
involucren de lleno en el cuidado del bebé. Hay abuelitas que
debido a las actividades laborales de los padres, reciben al bebé
semidormido muy temprano en la mañana y lo entregan bañado y
también dormido por la noche.  De esta forma, ¿qué oportunidad
para aprender a ser familia tuvieron los padres durante el día?
Hacerse cargo por completo de atender al bebé, permite a los
nuevos padres la oportunidad de adquirir gradualmente las
destrezas que necesitan ir desarrollando para desempeñar bien
su función como padres y madres. Por otro lado, la satisfacción
de estar aprendiendo a ser buen padre/madre y la certeza de
estar haciendo lo correcto aumenta su autoestima y mejora la
relación con su hijo/a. No hay nada más gratificante que alzar al
bebé y lograr que se calme. Sólo jugando y compartiendo tiempo
con el/la bebé se puede aprender a conocerlo/a y a satisfacer
mejor sus necesidades.

Es frecuente escuchar que no es tan importante la cantidad de
tiempo que se comparte con los hijos a cuánto la calidad de ese
momento compartido.  En los primeros tres años de vida, es tan
necesaria la cantidad como la calidad. El desarrollo del bebé en
los primeros tres años de vida es tan rápido, que cada día hay
diferencias y el bebé con quien convivieron hace unas semanas,
ahora puede parecer muy diferente. Además, es fundamental
conocer las etapas por las que el bebé va atravesando para
entender sus respuestas a las distintas situaciones que se le
presentan. ¿Y cómo se conocen estas etapas? A través de la
convivencia diaria.

Cuando uno de los dos padres se dedican a tiempo completo al
cuidado del bebé o la bebé, también vale la pena revisar las