© Derechos reservados, 2004-2006.
Califique este artículo:
La opinión de los lectores es muy importante para ofrecer contenidos de calidad, así como para personalizar los artículos y
satisfacer mejor sus necesidades de información.  Por favor, califique este artículo según la siguiente escala e incluya sus
comentarios.  Gracias.

         (Escala: *** Excelente, ** Bueno, * Regular)
Contenido:
Comentario:
A nadar se aprende nadando, a cantar se aprende cantando y
por supuesto, a hablar, se aprende hablando. El método por
excelencia para ayudar a los niños y las niñas a incorporar una
gran cantidad de vocabulario es la conversación. Pero para
quienes piensan que para poder conversar con sus hijos tienen
que esperar a que sean “mayorcitos”, tendré que aclarar que la
conversación puede iniciar desde el primer día de nacido.
Obviamente, el intercambio no será al mismo nivel, pero con
seguridad lo que se tendrá es la atención del bebé.  De esta
cuenta, la acumulación de vocabulario empieza desde el primer
día de nacido del bebé, y quizá antes. Además, el hábito de
conversar diariamente cuando se bañan, se cambian, comen o
juegan es ideal tanto para que los niños y las niñas vayan
adquiriendo el arte del intercambio de ideas, exclusivo de los
seres humanos, como para mantener activo el canal de
comunicación.

La lectura es el segundo método por excelencia para adquirir
vocabulario. Quien lee se enfrenta en cada experiencia lectora
con nuevas palabras que incorpora gradualmente a su acervo, lo
cual le permite, ser más hábil en sus comunicaciones. Cuando los
niños no saben leer, leerles y aclarar las palabras que no
conocen es la mejor manera de aumentar su vocabulario. Para
desarrollar vocabulario hay que leerles de todo, y desde las  más
tiernas edades: cuentos, noticias o anuncios del periódico,
revistas, folletos y cualquier material interesante (con
ilustraciones de preferencia) que llegue a nuestras manos y que
pueda tener sentido para ellos (que puedan asociar con
experiencias previas). La intención es que día a día sumen más
palabras que les permitan tener un mejor conocimiento del
mundo que les rodea.

Finalmente, la televisión también puede ser una fuente inmensa
de vocabulario. A los cuatro o cinco años, los niños y las niñas
pueden empezar a interesarse por los documentales. Si nos
sentamos a verlos con ellos, tendremos la oportunidad de
remarcar palabras nuevas cuyo significado será fácil deducir a
través de las imágenes. Conversen sobre lo que ven como un
ejercicio para reutilizar las palabras que aprendieron.

Para garantizar un buen desempeño de los niños en el colegio, la
clave está en el vocabulario que manejen. Ayúdenlos; es muy
sencillo.
¿Cuántas palabras sabe tu hijo(a)?
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 3
No. 1
Cuando se trata de desarrollo del lenguaje, en ocasiones, los
especialistas indican la cantidad promedio de palabras que un
niño o niña debiera decir a una edad determinada.  De esta
cuenta, por ejemplo, a los 18 meses podría tener un vocabulario
de 5 a 10 palabras (que por supuesto incluye “guau” para perro o
animales cuadrúpedos) y un niño de cinco años, podría tener
entre 1,000 y 2,000 palabras en su haber.

Particularmente considero que hay que ser cautelosos con este
tipo de indicadores del desarrollo, pues, por ejemplo, las palabras
son mucho más largas en español que en inglés.  De esta
cuenta, cuando a la edad de los dos años se les facilita
pronunciar los monosílabos, los niños y las niñas que están
aprendiendo inglés podrían ser capaces de pronunciar una
mayor cantidad de palabras, que quienes están aprendiendo
español.

Si bien, la cantidad de palabras que puede expresar un niño o
una niña a cierta edad depende de muchos factores, lo que sí es
cierto es que los niños y las niñas necesitan dominar una
inmensa cantidad de vocabulario para cuando empiecen a
aprender a leer.

Si cuando empiezan a leer, las palabras que encuentran les son
conocidas, la lectura tendrá más sentido y comprenderán
fácilmente lo que leen; esto les motivará a seguir leyendo y la
adquisición de esta nueva habilidad será significativa y por lo
tanto el proceso será mucho más fácil.

Si por el contrario, el niño o la niña que aprende a leer posee un
pobre “abastecimiento” de palabras, es decir, su vocabulario es
limitado, cuando aprenda a leer, cada palabra que encuentre que
no conozca y no entienda su significado hará más difícil la
actividad lectora y ésta terminará siendo desmotivante. Cuando
lea, se limitará a descifrar y pronunciar sonidos, pero la actividad
no será significativa ni le motivara a saber más sobre los
protagonistas de la historia que lee o a obtener más información
sobre la misma. Por ello, lo mejor que podemos hacer los padres
para apoyar el aprendizaje de la lectura de nuestros hijos es
ayudarles a acumular una amplia variedad de vocabulario.
¿Cómo?  Aquí hay algunas estrategias.